29 de noviembre de 2009

Pasa cuando sucede.

Han pasado varios meses desde la última vez que me sentí inspirada y esperanzada con mis burradas.
Lo último que escribí fue que quería darme un respiro de la aprehensión anímica que me ha caracterizado la vida entera y que debía arriesgarme, por mi bien, para vivir.
Y, señoras y señores, lo hice. Me fue mal.
También había pasado tiempo desde que dije lo que sentía por última vez. Esa ocasión fue catastrófica y propició una gran, GRAN depresión en mi ser y me volvió más hostil, más dura y amargada. Y la verdad, fue un cambio muy favorecedor en mi vida, contrario a lo que muchos puedan o pudieron pensar. Así, como se dice popularmente, ya no me pueden chamaquear, ya, ni lo intenten. Sí fue favorecedor, en serio, no soy y no volveré a ser la pendeja de nadie. Y eso es bueno. Creo.
Pasó mucho tiempo desde aquella vez y aunque no me tiento el corazón para decir lo que pienso, siempre tengo una reserva para los sentimientos realmente profundos, pero esta vez no fue así.
Me arriesgué de la manera más estúpida e ingenua que se puedan imaginar, fue como aventarme de un avión sin paracaídas. O más bien, si traía paracaídas, pero no lo abrí a tiempo, y, otra vez, me di en la madre.
Contrario a lo que las personas cercanas puedan pensar, no me dolió; ya les dije, ya no se me puede lastimar con tanta facilidad. Después de hacerlo me sentí más vacía y más estúpida, es más, ni debería estarlo documentando. Pero surgió otro problema, Houston.
Ya quedó resuelto el problema de la zona de confort, ya, check. Y ¿qué hay de las esperanzas? ¿de los planes futuros? No había pensado en eso, nunca. Eso también debí haberlo omitido desde hace tiempo, pues por esa razón, mi esfuerzo estuvo a punto de valer madres.
Y me sentí desubicada porque, la verdad, yo ya había resuelto los próximos años de mi vida al estructurar unas pocas palabras en mi mente y pensando en las contestaciones y sonrisas que iba a recibir. Pero el resultado no fue para nada el esperado.
Quise recuperar lo irrecuperable, y sanar heridas que, ya estaban sanadas. Y al intentarlo recibí la peor bateada existente, de la manera más aplastante y burlona que se pueda hacer. Me helé por algunos segundos y tenía ganas de esconder mi cara en el asfalto, cual avestruz. Mi audacia para contestar se esfumó y de mi boca sólo pudieron salir tartamudeos y un dudoso "bueno, por lo menos lo intenté.". Esbocé una sonrisa llena de cinismo tratando de aparentar el miedo y el coraje que sentía y con mirada fija, me despedí.
Al darme la vuelta para seguir con mi camino, con mi vida, sentí que el mundo se derrumbó ante mis pies y después experimenté una sensación horrible de inseguridad, ansiedad, y ganas de matar. No sabía si lo que acababa de vivir había sido producto de mi imaginación o si ya me había vuelto loca. Entré en la dimensión desconocida, una vez más. Me perdí en el abismo en el que, esa misma persona me había hundido hacía ya varios meses y del cual me costó mucho trabajo salir.
No me podía ubicar ni en tiempo, ni en lugar, ni siquiera en mí misma. Y después de titubear, me di cuenta de que estaba ahogándome en un vaso de agua. Respira, Fer, por lo que más quieras. Y respiré.

Después de tranquilizarme , temblé de nuevo. Me puse a pensar ¿y ahora que carajos va a ser de mí? Yo no podía imaginar mi vida sin eso presente...
Pero después de un rato me di cuenta de que eso no importa ya.
Lo había mencionado antes, ¿no? el chiste es vivir la vida así, como viene, arriesgarse, sí, y no esperar nada.
Al principio, no lo niego; me sentí muy mal y tenía ganas de vomitarle en la cara al destino. Pero ya después de digerir bien las cosas me di cuenta de que así tenía que ser por el bien de la humanidad. Suena a cliché y está mas choteado que nada, pero de verdad, las cosas pasan por algo.


¿Hay conclusiones al respecto? Creo que sí, amigos. No esperen nada de la vida porque la verdad es que es bastante cabroncita. No confíen mas que en su instinto, de vez en cuando éste les va a causar vergüenzas y arrepentimientos momentáneos, pero al final del día es el que hace que las cosas vayan cayendo en su lugar, poco a poco y a cuestas a veces de felicidad y paz, pero caen.

Amigo y amor mío; dolor de dolores y causa de todo; quiero que sepas que a pesar de que eres una persona realmente despreciable, que fui extremadamente ingenua al pensar que podías cambiar y que podías valorar todo otra vez, a pesar de que me enamoré solamente de un invento mío y de que fui suficientemente ciega para no ver que lo único que me ibas a causar eran nudos, baches y obstáculos para ser una mejor persona, en serio, de veras, no me arrepiento de nada. Al contrario, te lo agradezco. Me diste infinidad de alegrías y buenos momentos, sí, fueron opacados la mayoría de las veces por disgustos, pero, ya lo dije, me quedo solamente con los buenos recuerdos que, aunque de vez en cuando me atropellen, los aprecio y los guardaré cual tesoro bucanero. Y las cosas malas, el dolor, la ansiedad y la angustia que dejaste al partir, sólo lo transformé en valor y fuerza para seguir adelante.
Gracias, de verdad, sé muy feliz siempre.
***
Pido una disculpa por no haber hecho de éste post algo más poético, pero si pensaba más en las rimas y palabras rimbombantes iba a acabar por mentar madres y no decir nada. Y también por dejarlos abandonados durante tanto tiempo, pero deben saber que me encontraba
más seca que pechuga de pollo rostizado
.
Prometo traerles cosas, pronto y periódicamente, más historias, más andanzas, más sangre y más hostilidad.
Por el momento es todo, los amo.

1 comentario:

  1. Uu genial y si asi àsa cuando sucede no esta bajo nuestro contro, besos para vos

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