Cuando yo era chica tenía la vista perfecta. Podía ver absolutamente todo, hasta lo que no debía. Pero pasaron los años y así como muchas otras cualidades y poderes que tenía, desapareció mi vista perfecta. Sí. Me quedé casi ciega. Pero no me había dado cuenta.
Bastaron un par de años para darme cuenta que los necesitaba. UN PINCHE PAR DE AÑOS en donde, obviamente mi ceguera aumentó en un 30% (por lo menos
Luego tardé otros 8 meses en convencer y joder hasta el cansancio a mis papás para que me llevaran al oculista. Ya tenía el armazón y todo. Sólo faltaban los vidriitos con aumento.
Y por fin, fuí. Estaba muy ansiosa, ya quería usarlos, ver lo que no podía con ellos, los sentía como unos nuevos compañeros de aventuras.
Yo pensaba que iba a tener que usar mis lentes sólo en ocasiones;ya saben, para ver la tele y estar en la compu, para leer,para hacer sudokus en el baño, dos veces a la semana y en días de lluvia. Ya-lo-saben.
Pero triste mi calavera, no fue así. Llegó el día de entrega y una mujer vestida de blanco me dió la terrible noticia:
-Fer, yo..... SOY TU PADRE!!
-Noooooooooooooooooo!!!!!! Grité y después salí volando en un cometa de ajonjolí que me llevó al país donde las orugas bailan La Macarena con un vaso de cerveza.
Bueno, en realidad sólo me dijo que debía usar los lentes a toda hora. Y yo sufrí. Me costaba trabajo pensar que estaba ciega, BIEN ciega. Me costaba trabajo aceptarlo, me daba pena ponerme mis lentes y me daba miedo que me comieran. JA. Después de algunos días sí me acostumbré a usarlos, los necesitaba en serio. Y luego, ya a la semana les medio agarré cariño. pero después ya no. Los olvidaba a propósito en mi casa, los dejaba en el fondo de mi mochila, le decía a mi mamá que se me movían las personas y que me mareaba...etc.
Y luego se me rompieron. No me los podía poner. Y fué en ese momento cuando los necesitaba, cuando me dolía la cabeza sin ellos, cuando no veía nada y cuando lloraba por ellos.
Los volví a tener y no los usaba nunca, hasta que los perdí....y otra vez, los necesitaba, los extrañaba.
Hasta que los encontré de nuevo y ya viví feliz para siempre con ellos.
Toda esta historia tiene un propósito, lo juro. A lo que quiero llegar es que, eso que me pasa con mis lentes, esa relacion tenecesito-yano que tengo y tendré por el resto de mi vida con ellos es, aunque natural, muy, absolutamente estúpida. Y lo peor esque es común y todos lo sentimos, obvio no con lentes, pero sí con sentimientos, con personas, con regalos inútiles. O con la virginidad.
Lo cierto esque nosotros los terrícolas tenemos una extraña y sádica fascinación por éste tipo de sufrimiento. Nosotros mismos lo buscamos y lo provocamos. Y me caga.
Qué asco. Qué miedo. Alguien ayúdenos porfavor.
Bastaron un par de años para darme cuenta que los necesitaba. UN PINCHE PAR DE AÑOS en donde, obviamente mi ceguera aumentó en un 30% (por lo menos
Luego tardé otros 8 meses en convencer y joder hasta el cansancio a mis papás para que me llevaran al oculista. Ya tenía el armazón y todo. Sólo faltaban los vidriitos con aumento.
Y por fin, fuí. Estaba muy ansiosa, ya quería usarlos, ver lo que no podía con ellos, los sentía como unos nuevos compañeros de aventuras.
Yo pensaba que iba a tener que usar mis lentes sólo en ocasiones;ya saben, para ver la tele y estar en la compu, para leer,para hacer sudokus en el baño, dos veces a la semana y en días de lluvia. Ya-lo-saben.
Pero triste mi calavera, no fue así. Llegó el día de entrega y una mujer vestida de blanco me dió la terrible noticia:
-Fer, yo..... SOY TU PADRE!!
-Noooooooooooooooooo!!!!!! Grité y después salí volando en un cometa de ajonjolí que me llevó al país donde las orugas bailan La Macarena con un vaso de cerveza.
Bueno, en realidad sólo me dijo que debía usar los lentes a toda hora. Y yo sufrí. Me costaba trabajo pensar que estaba ciega, BIEN ciega. Me costaba trabajo aceptarlo, me daba pena ponerme mis lentes y me daba miedo que me comieran. JA. Después de algunos días sí me acostumbré a usarlos, los necesitaba en serio. Y luego, ya a la semana les medio agarré cariño. pero después ya no. Los olvidaba a propósito en mi casa, los dejaba en el fondo de mi mochila, le decía a mi mamá que se me movían las personas y que me mareaba...etc.
Y luego se me rompieron. No me los podía poner. Y fué en ese momento cuando los necesitaba, cuando me dolía la cabeza sin ellos, cuando no veía nada y cuando lloraba por ellos.
Los volví a tener y no los usaba nunca, hasta que los perdí....y otra vez, los necesitaba, los extrañaba.
Hasta que los encontré de nuevo y ya viví feliz para siempre con ellos.
Toda esta historia tiene un propósito, lo juro. A lo que quiero llegar es que, eso que me pasa con mis lentes, esa relacion tenecesito-yano que tengo y tendré por el resto de mi vida con ellos es, aunque natural, muy, absolutamente estúpida. Y lo peor esque es común y todos lo sentimos, obvio no con lentes, pero sí con sentimientos, con personas, con regalos inútiles. O con la virginidad.
Lo cierto esque nosotros los terrícolas tenemos una extraña y sádica fascinación por éste tipo de sufrimiento. Nosotros mismos lo buscamos y lo provocamos. Y me caga.
Qué asco. Qué miedo. Alguien ayúdenos porfavor.

Wooow, está estupendo este escrito!!! metafórico hija mía, todo un talento.
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